Nov
10
Archivada en () por admin el 10-11-2008


 

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10
Archivada en () por admin el 10-11-2008

 

Era temprano, Eva estaba trabajando como de costumbre en aquella aplicación
informática que últimamente le había quitado el sueño.
Llevaba una temporada de stress total porque no estaba terminada del todo y
el cliente no paraba de protestar.

Era festivo, el teléfono no iba a sonar en todo el día, ni nadie
vendría a ofrecer nada… ideal para trabajar sin molestias. Sólo
esperaba una visita a primera hora de un técnico informático que
debía instalar una red para conectar los ordenadores. La oficina era
pequeña, pero la compartía con otra chica y pensaron que les hacía
falta una red informática.

Eran las 10 cuando sonó el timbre. Eva se levantó y abrió,
un poco distraída, pensando en aquel error que le salía constantemente
al hacer una determinada consulta. Era un chico de unos veintipocos, alto, moreno,
tenía buena planta. Llevaba un maletín y un rollo de cable bajo
el brazo.

Hola, buenas, vengo a….
Sí, sí, el de la red. Anda, pasa y tú mismo. Las tomas
van aquí a la derecha y debajo de mi mesa. Tú mismo. Si no te
importa… tengo trabajo.
El chico se quedó un poco sorprendido con el recibimiento, pero ya estaba
acostumbrado. Mientras Eva volvía a sentarse en su mesa, él empezó
a sacar todas las herramientas y a desenrollar el cable para empezar su trabajo.

Primero hizo la toma de la entrada y luego fue a la mesa donde estaba Eva muy
concentrada. La toma debía ir justo en el suelo, debajo de la mesa. Antes
hubo una ahí y querían aprovechar parte de la instalación.
Eva estaba de frente a la mesa, mirando el ordenador fijamente y tecleando sin
parar. El chico se arrodilló y se puso debajo de la mesa, como pudo,
ya que Eva casi ni se movió.

Ese día Eva llevaba una blusa blanca, medio transparente y una falda
negra ajustada. Medias de malla y zapatos de tacón. Llevaba un conjunto
de ropa interior muy provocativo, con un sostén blanco que realzaba sus
pechos y unas braguitas negras que volvían locos a los chicos.

Se sentó en el suelo, justo debajo de la mesa, a escasos centímetros
de sus piernas. Empezó a desenrollar cable y a preparar las tomas. Observó
como la chica estaba concentrada con su trabajo, y no tenía cuidado de
lo que el chico podía observar: Eva movía constantemente las piernas,
en señal de nerviosismo. El chico se tomó más tiempo de
normal porque no paraba de deleitarse con el panorama, sobre todo cuando ella
separaba las piernas y él podía apreciar sus braguitas negras
que asomaban por debajo de las medias… aquello empezó a ponerle
muy caliente. Además, con tanto movimiento de ambos, los roces eran constantes;
ella ni se daba cuenta, él se iba poniendo a 100 por momentos.

Al cabo de un rato salió, como pudo, de debajo de la mesa no sin antes
dar un buen repaso a los muslos de la chica… impresionantes; se veía
claramente que hacia deporte y, a pesar de no ser una chica delgada, sus curvas
eran muy interesantes.

El chico observó que de vez en cuando Eva dejaba caer sus brazos a los
lados, y se perdía mirando la pantalla durante unos instantes. Luego
seguía tecleando y maldiciendo al analista que le pasó el estudio
del programa.

Mientras tanto, él trabajaba detrás de ella. En un momento determinado
empezó a sacar más cable que fue preparando disimuladamente en
trozos pequeños, de 1 metro cada uno aproximadamente.

De pronto, cuando Eva se despistó y dejó sus brazos inertes,
él se acercó y le sujetó rápidamente las muñecas
por detrás de la silla. El instante que tardó Eva en reaccionar
por estar sumergida tanto en su trabajo sirvió para que la atara sin
problemas las manos a la espalda, por detrás del respaldo.

¡Pero qué coñ…! – No le dio tiempo a decir
nada más. Con un rápido movimiento le puso en la boca una de estas
bolas rojas que usan en las películas de sado, con unas tiras de cuero
que se atan detrás de la cabeza. Ella se resistía, evidentemente,
pero al estar atada no pudo evitar que se la pusiera rápidamente y dejara
su boca completamente abierta y sin poder decir ni palabra.
Acto seguido cogió otro trozo de cable que enrolló con un par
de vueltas a su cuello y lo ató al cable que unía sus muñecas,
dejándolo bastante tenso, de forma que su cabeza quedaba relativamente
erguida, sin poder mirar hacia abajo.

Una vez que la tuvo parcialmente inmovilizada, cerró las cortinas para
que no les vieran desde el exterior. Ella seguía mirando hacia la puerta,
con el ordenador delante. De pronto empezó a ver volar prendas de ropa
que pasaban por encima de su cabeza: un jersey, una camiseta, los zapatos y
los pantalones.

De pronto unas manos empezaron a tocarla por los hombros, lentamente, bajando
por sus brazos… notó su aliento en la nuca, justo en el momento
que empezó a lamerle el lóbulo de la oreja, lentamente….

La tocaba con mucho cuidado, con movimientos pausados pero precisos. Poco a
poco le fue dando la vuelta a la silla (era giratoria) y quedó justo
enfrente de él, sin poder decir ni media palabra.

El chico era bastante atlético, con los músculos bastante marcados.
No era especialmente guapo, pero resultaba atractivo. Llevaba unos slips que
escondían un paquete más que considerable, en plena erección.

Por un momento Eva se estaba entregando a su violador, pero reaccionó
e intentó golpearle con las piernas. El chico se movió rápidamente
y esquivó las patadas y los zapatos que salieron despedidos ágilmente.
Acercándose por un lado, al mismo tiempo que se quitaba uno de sus calcetines,
se arrodilló y le cogió el tobillo. Sin darle tiempo a reaccionar
(realmente el chaval tenía mucha fuerza) le sujetó el pie a una
de las patas de la silla, con el calcetín que llevaba en la mano; inmovilizar
la otra pierna fue más sencillo, ya que Eva se medio ahogaba al moverse
bruscamente y prácticamente no ofreció resistencia.

La tenía totalmente a su merced, atada, jadeante, con ojos de odio y
lista para ser torturada de una de las formas más agradables que puede
existir.

Con otro trozo de cable le ató las rodillas bien juntas, de forma que
el chico se pudo sentar encima de sus piernas. Lentamente le fue besando toda
la cara, lamiéndole cada milímetro de su rostro. Sus labios calientes
y húmedos se paseaban de un lado a otro provocando en Eva una sensación
de agradable desespero. Se entretuvo un buen rato en sus orejas, en su cuello…
lentamente fue desabotonando su camisa hasta dejarla totalmente abierta. Su
pecho se agitaba rítmicamente, su respiración provocaba que de
su amordazada boca salieran jadeos de desesperación.

Utilizando una de las llaves para cortar cables, le cortó el sostén
justo entre los dos pechos. Las gotitas de sudor resbalaban lentamente por ellos;
El chico se entretuvo un buen rato lamiendo cada una de ellas, haciendo especial
hincapié en sus pezones, que aumentaban por momentos de tamaño
ante los ojos excitados de aquel hombre.

Eva se daba cuenta que su cuerpo reaccionaba ante tal ultraje sin poder hacer
nada para evitarlo.

Cuando se cansó de torturarla sin que pudiera, ni de lejos, llegar a
un momento de desahogo, le desató las rodillas y le separó las
piernas. Eva no tenía fuerzas ni para resistirse. Lentamente le levantó
la falda hasta la cintura, quedando sus pantis a la vista del violador, semiocultando
unas bragas de encaje negras, muy sexys.

Lentamente el muchacho se arrodilló ante ella, y mientras acariciaba
sus piernas desde los pies a las ingles, besaba lentamente las bragas a través
de las medias y pasaba su lengua una y otra vez empapándolo todo (más
de lo que ya estaba) provocando oleadas de placer a la chica que no podía
más que sufrir esa agradable tortura sin poder ni siquiera moverse.

Una vez consideró que ya era suficiente, el chico le desató los
tobillos y le fue bajando las medias muy lentamente, intentando que sus manos
contactaran con la piel de Eva en todo momento, haciendo que notase la presión
de sus fuertes manos.

Una vez la tuvo con las piernas desnudas, le apartó la braguita y empezó
a jugar con su clítoris suavemente, al mismo ritmo que había hecho
todas sus acciones hasta el momento. El olor de la excitación le provocó
una erección aún mayor, si cabe, a este técnico que estaba
haciendo "la instalación de su vida".

No tardó Eva en llegar a un orgasmo que la hizo gritar tras su mordaza,
y a soltar hilos de saliva por la comisura de los labios, impotente ante el
placer que le estaba proporcionando ese extraño.

Mientras se recuperaba, él cogió el rollo de cable y se lo puso
justo en su espalda, entre el respaldo y el culo, de forma que le obligó
a tirar su cuerpo hacia delante, y separar las piernas apoyándolas sobre
el suelo para no caerse, y al mismo tiempo no descoyuntarse los hombros que
seguían forzados al tener las manos atadas al respaldo de la silla.

De la misma forma que le había quitado las medias, procedió con
las bragas que se fueron enroscando a medida que bajan hasta salir por cada
uno de sus pies. Se las puso en la muñeca, en forma de trofeo. Previamente
las olió inspirando fuertemente, para darse otra dosis de olor femenino
caliente deseoso de recibir placer. Volvió a subir por sus piernas con
suaves besos que empezaron en la punta de sus pies, recorrieron su empeine y
planta, se recrearon con sus pantorrillas duras y redondas, se entretuvieron
debajo de la rodilla y se comieron por completo sus muslos duros y fuertes,
que estaban en tensión por el esfuerzo de soportar parte de su peso ya
que su culo estaba justo al borde de la silla.

Empujó la silla hacia atrás de forma que sus brazos quedaron
tocando con el borde de la mesa. Él se apoyó también en
el borde y poniéndose totalmente rígido, con el cuerpo inclinado,
fue bajando como si estuviera haciendo una flexión para acercarse al
cuerpo de Eva.

Con movimientos circulares empezó a restregar el bulto de sus slips
por el coño de la chica, lentamente, de forma que ésta volvió
a soltar flujos vaginales que indicaron que estaba apunto para la estocada final.
Entonces el chico se bajó los slips y volvió a adoptar la misma
postura de antes, pero esta vez con un ariete de cabeza púrpura que apuntaba
directamente al coño de Eva.

Lentamente fue encarando la entrada y se introdujo hasta el fondo sin ningún
tipo de resistencia. Sus rostros quedaron a escasos milímetros uno del
otro, respirando con dificultad ambos. Eva cerró los ojos y soltó
un gemido que ni la mordaza pudo apagar.

Entonces el chico empezó a moverse lentamente para que ella sintiera
en todo momento que ese aparato la estaba follando impunemente, marcando el
ritmo que él quería y ella tan solo recibiendo, padeciendo, sufriendo
y gozando con cada penetración del violador.

Poco a poco fue aumentando el ritmo hasta que se vació por completo
en su interior, soltando un grito de placer que llevó a Eva también
a su segundo orgasmo de la mañana, quedando los dos completamente extenuados,
él encima de ella, recuperándose del esfuerzo.

Pasaron unos minutos cuando él se levantó, la besó en
la mejilla y se fue a buscar la ropa que había tirado por el suelo. Eva
no sabía si reír, llorar, pedir auxilio o suplicar que la volviera
a follar… Así la tuvo unos 20 minutos más, mientras terminó
su trabajo.

Tranquilamente le extendió un albarán, se lo dejó en la
mesa y le dijo:

Si vas moviendo tus muñecas de arriba abajo, acabarán por aflojarse
los nudos y podrás soltarte. Aquí te dejo el albarán; como
no me lo puedes firmar, volveré de aquí a dos días a buscarlo…
espero que estés tan sexy como hoy. Para que no me olvides fácilmente,
te dejo este regalito; espero que te guste.
Se acercó a su maletín y sacó un consolador a pilas, de
un tamaño considerable. Separó las piernas de Eva, totalmente
chorreantes, y se lo introdujo lentamente. Seguidamente se sacó las braguitas
de la muñeca y se las puso, cuidadosamente, para que el consolador no
pudiera salir por su cuenta. Le dio la vuelta a la base y éste empezó
a funcionar.

Los ojos de Eva se salían de sus órbitas implorando piedad al
desconocido, ya que no sabía cuándo podría soltarse y estaba
completamente agotada. Él sonrió, le besó de nuevo en la
mejilla y la dejó de cara al sol, para que no pasara frío y que
disfrutara del paisaje mientras "soportaba" una serie de orgasmos
que duraron todo el día.

Finalmente, a eso de las 8 de la noche se agotaron las pilas y Eva pudo por
fin soltarse una de las manos, pudiéndose liberar así de su accidentada
instalación de la red que, por cierto, pudo comprobar al día siguiente
que funcionaba perfectamente.

Justo antes de salir de la oficina Eva pensó que había sido una
de las experiencias más excitantes de su vida, pero lo que no sabía
el desconocido es que a Eva le gusta llevar el mando en el sexo, y que por tanto
hoy había sufrido una humillación difícil de perdonar,
por lo que si volvía verdaderamente a buscar el albarán…
se llevaría también una propina que nunca olvidaría. Con
una media sonrisa que daba miedo cerró la puerta y se fue a su casa,
necesitaba un baño y meterse en la cama porque estaba destrozada.

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10
Archivada en () por admin el 10-11-2008

 

Esta caliente gordita de pechos exuberantes es una verdadera perversa y adora
que estrangulen sus pechos carnosos con cadenas hasta dejarlos morados. A esta
perra le encanta la sumisión por lo que tenemos mucho mas por entregarle
que unos simples azotes en sus pechos. ¡No te pierdas de verla exitarse
con cada golpe!

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Archivada en () por admin el 10-11-2008

 

Si te gustan los vídeos de sexo sado no puedes perderte de ver el menudo
castigo que le hemos pegado a esta tía. Después de sujetarla bien
con cuerdas, amordazarla y cubrirle los ojos, le hemos metido un consolador
enorme que la ha dejado sin aliento pero por la manera que se ha corrido se
nota que disfruta mucho del dolor

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A quien no le gustaría tener una esclava sexual que nos haga lo que
queramos, cuando queramos, y sin ningún tipo de reproches morales. Aquí
te mostramos como la salvaje Nina Hartley somete a una hermosa y jovencita zorra
que no se queja en lo mas mínimo y hace lo que Nina le ordene. Mira como
le come el coño a Nina hasta que su lengua no puede mas

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